Publicado el 09/06/2025 por Administrador
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La tragedia vuelve a golpear a Gaza. Este lunes por la madrugada, al menos seis palestinos murieron por disparos del ejército israelí mientras aguardaban en fila para recibir alimentos en un punto de distribución en la ciudad de Rafah, en el sur de la Franja. La escena se desarrolló cerca de un centro humanitario gestionado por la Gaza Humanitarian Foundation (GHF), una organización respaldada por Estados Unidos e Israel, que ha estado bajo creciente escrutinio por la seguridad en sus operaciones.
El ataque ocurrió entre las 5:30 y 6:30 de la mañana, justo cuando cientos de personas se concentraban en el lugar con la esperanza de obtener algo de comida. Según testigos presenciales, las víctimas eran civiles desarmados, muchos de ellos disparados en la cabeza. “Nadie llevaba armas. Los mataron delante de nosotros. Solo veníamos por comida”, relató Mohamed Madi, un residente local que se encontraba en la fila.
Hasta el momento, las Fuerzas de Defensa de Israel no han emitido un comunicado oficial sobre este incidente específico. Sin embargo, en ocasiones anteriores han justificado el uso de fuerza letal en puntos de acceso humanitario bajo el argumento de “seguridad operativa” o por supuestos movimientos sospechosos en zonas que consideran de riesgo militar.
El hecho se suma a una alarmante serie de eventos similares ocurridos en las últimas semanas. Según cifras de la propia GHF y organizaciones de derechos humanos, al menos 125 personas han muerto y más de 500 han resultado heridas en las últimas dos semanas mientras intentaban acceder a ayuda alimentaria en Gaza.
La ONU y diversas ONG internacionales han expresado su preocupación por el diseño actual del sistema de distribución de ayuda en la Franja, que obliga a miles de personas a desplazarse por zonas consideradas peligrosas o inestables. Muchos califican estos puntos como “trampas mortales”, denunciando que exponen a la población civil a riesgos letales por el simple hecho de intentar alimentarse.
La GHF, creada con apoyo israelí y estadounidense, ha sido criticada por operar bajo condiciones que no garantizan la seguridad de los beneficiarios. A pesar de su objetivo declarado de canalizar ayuda de forma organizada, cada vez más voces cuestionan su efectividad y su neutralidad.
El contexto es aún más tenso en Rafah, donde las operaciones militares se han intensificado tras el colapso de varios corredores humanitarios. La zona, tradicionalmente considerada como último refugio para miles de desplazados, se ha convertido en epicentro del sufrimiento y la desesperación.
Las imágenes que llegan desde el lugar muestran cuerpos en el suelo, bolsas de harina esparcidas entre charcos de sangre, y civiles corriendo en busca de refugio. Organismos humanitarios piden una investigación urgente e independiente sobre los hechos, y claman por la creación de rutas seguras que permitan la entrega de asistencia sin exponer a la población a la muerte.
Este nuevo episodio trágico vuelve a poner sobre la mesa la urgencia de un alto al fuego sostenido, garantías de acceso humanitario reales y mecanismos internacionales que aseguren la protección de los civiles en un conflicto que ha cruzado demasiadas líneas rojas.